La decisión de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) de modificar la actual regulación para la banda ancha fija y obligar a Telefónica a ceder sus redes a sus rivales a precio regulado, amenaza con provocar una auténtica tormenta, de consecuencias aún imprevisibles, en el mercado español de telecomunicaciones.

Y es que, tras el anuncio de la CNMC, Telefónica puso en revisión toda su estrategia de despliegue de fibra, con la que, inicialmente, pensaba alcanzar las 20 millones de unidades inmobiliarias (pisos, oficinas y locales) en España, es decir más del 80% del total.

La operadora española, que había convertido a la fibra en el centro de su estrategia comercial y competitiva, había acelerado sustancialmente su despliegue de forma que, a finales de 2014, ha llegado a 10 millones de unidades inmobiliarias.

Sin embargo, la amenaza de la CNMC le llevó a reconsiderar toda su estrategia. La operadora aún no ha tomado una decisión firme sobre el mantenimiento o la supresión definitiva de su despliegue, ya que está estudiando todas las variables y, además, deberá esperar a que el consejo de la CNMC ratifique o cambie en los próximos meses las propuestas iniciales anunciadas en la consulta pública que desveló el pasado 17 de diciembre.Primera decisión firmeSin embargo, el operador español ya ha tomado una primera decisión en firme: reducir, de forma cautelar, el ritmo de despliegue que pensaba aplicar a sus tendidos de fibra en el año 2015. Y el frenazo en el ritmo es significativo, alrededor del 35%.

En la práctica, Telefónica ya ha dado instrucciones para frenar su ritmo de despliegue. Así, en vez de lograr cubrir con fibra otros 5,5 millones de hogares en 2015, como estaba previsto antes de la decisión de la CMT, el objetivo ahora es llegar sólo a unos 3,6 millones, fijando un ritmo de unos 300.000 hogares mensuales.

Este recorte, que ya es firme, tendrá las primeras consecuencias en la reducción de empleo de las empresas suministradoras (tanto fabricantes de equipos como Huawei y Alcatel, como subcontratistas de obra civil, como Cobra, Elecnor, Isolux, Dominion, Ezentis o Seirt) que trabajan para Telefónica en estos despliegues, que ahora mismo están generando alrededor de 10.000 puestos de trabajo indirectos.

Sin embargo, un frenazo total por parte de Telefónica tendría consecuencias mucho más graves, ya que este sector de las subcontratas de telecomunicaciones, renacido prácticamente a partir de 2012 (cuando Telefónica inició en serio sus despliegues de fibra), podría colapsar por completo.

Porque no sólo se puede producir un frenazo o incluso un abandono total del despliegue de fibra por parte de Telefónica, sino también la paralización de los otros despliegues que están realizando rivales como Jazztel, Orange o Vodafone. Si la red de Telefónica es accesible para sus rivales a precios regulados, éstos previsiblemente no tendrán incentivos en arriesgar recursos para aumentar sus propias redes y las pararán o ralentizarán.

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